Cambiantes dimensiones del malestar global
El Mercurio
Tribuna
Jueves 18 de Junio de 2009
Cambiantes dimensiones del malestar global
Lourdes Sola
Presidenta de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA)
El malestar global, como la "globalización", tiene muchas caras (económica, social, ecológica y política) y también varía significativamente a lo largo del tiempo tanto en carácter como en perspectiva. Este se manifiesta de distintas maneras, dependiendo de qué procesos focalizamos, observamos o conceptualizamos. Así, por ejemplo, subrayar el impacto del capital global desregulado en el sistema mundial lleva a destacar una forma de descontento global y un déficit de gobernanza global, claramente distintos a los que se manifiestan en relación con los cambios ecológicos, tráfico de drogas y armas, inmigración, violencia y seguridad colectiva, o la pandemia de influenza.
Cada uno de estos procesos o conjunto de procesos saca a luz dilemas y desafíos analíticos que deben especificarse claramente en diversos niveles. Por un lado, la densidad de las interconexiones y vínculos que enlazan a estados, sociedades individuales y regiones varía de acuerdo a cada uno de estos procesos globales que estemos considerando. Segundo, la creciente interdependencia y las relaciones fronterizas afectan y son afectadas por la velocidad con que ocurren los cambios dentro de las sociedades individuales y las regiones. Tercero, las dimensiones distributivas de los procesos globales son ambiguas, contradictorias y no fácilmente identificables a través del lente de un orden global cambiante.
El tema principal del Congreso Mundial de Ciencia Política "¿Malestar global? Dilemas de cambio" a realizarse en Santiago en julio de este año, fue elegido al comienzo de 2007. Antes del golpe de la crisis 2008-2009, los principales cambios y variaciones de la geografía política referidos al poder económico global ya habían llamado la atención de los politólogos en dos direcciones. Por un lado, los modos en que los países emergentes estaban siendo integrados en un mundo crecientemente inestable sugerían importantes diferencias entre ellos en cuanto a ganadores o perdedores en la integración a los mercados mundiales. Desarrollos en países tan diferentes como China, India, Brasil, Turquía o Chile, como la mayor capacidad de recuperación de los países latinoamericanos, prueban que la dimensión distributiva del proceso de integración es bastante más compleja que lo que las predicciones iniciales insinuaron. Por otro lado, las variaciones de poder también destacan que las decisiones estratégicas tomadas por países como China, por ejemplo, no necesariamente siguieron el libreto anticipado por el optimismo universalista de posguerra propio de Occidente. Dos décadas después de la caída del Muro, la evidencia de que la democracia pluralista basada en el Estado de Derecho no iba necesariamente de la mano con la integración al mercado global plantea un claro desafío al mundo académico.
Pero hay también otros desafíos que surgen de cambios en la última década. ¿Cómo podemos evaluar la inclusión social sin precedentes de 600 millones de consumidores en un proceso que es inseparable de los procesos globales de integración de las economías emergentes en el mercado mundial? En la medida en que países como China, India Brasil, Irlanda, Turquía y Chile abrieron sus economías a diferentes velocidades, siguieron estrategias políticas y económicas bastante distintas y lo hicieron bajo regímenes políticos también diferentes, las explicaciones específicas de cada contexto son necesarias, pero no suficientes por sí mismas. Una paradoja principal del cambio que tuvo lugar hasta 2008 es que aun cuando 50 millones de nuevas personas accedieron anualmente a la clase media global (de los cuales el 70% viene de China e India), la globalización económica coexistió con un persistente billón de la población del mundo bajo la línea de la pobreza.
La actual crisis global es en muchas formas un nuevo punto de inflexión. Ella pone de relieve que las cambiantes caras del malestar global tienden a converger hacia una cuestión esencialmente política, la del orden mundial. Esto plantea dos cuestiones adicionales a la comunidad de cientistas políticos. La primera es la necesidad urgente de identificar los procesos que favorecen y facilitan la mediación legal y política de los conflictos de intereses y de sistemas valóricos a escala global. La segunda es que, en el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, se pone a prueba nuestra capacidad moral de enfrentar analíticamente las incertidumbres de un mundo que es sólo parcialmente globalizado cuando lo miramos con los lentes del orden global existente y de un legislador democrático a nivel internacional.
22-06-2009
|