Los politólogos y el malestar global
Un Estado Nación ya no puede, por el solo ejercicio de su soberanía, enfrentar la avalancha de las trasnacionales. Regular el mercado, sí, pero –como se vio en un reciente Congreso Mundial en Santiago- es necesaria la acción política que rescate la economía para la sociedad.
Durante cuatro días, Santiago fue –del lunes al jueves último- capital planetaria de la Ciencia Política. En un Congreso Mundial que convocó a casi 2 mil 500 politólogos de 80 nacionalidades, las autoridades y líderes de opinión nacionales –y no tanto los medios de comunicación- acogieron y dialogaron con estos académicos y ensayistas que asustan un poco con su exclusiva terminología y densos razonamientos, pero que, sin duda, tienen un aporte que hacer al proceso de construcción de las políticas públicas.
Según nos decía Manuel Antonio Garretón, presidente del comité organizador local de este evento -que antes tuvo lugar en Japón y Sudáfrica-, por primera vez se produjo una rica interacción entre ambos mundos: el de los cientistas y el de la clase política. Estuvieron en los actos en las universidades de Chile y Católica no sólo la Presidenta, el canciller y otros ministros y el presidente de la Cámara de Diputados, sino también ex gobernantes como Vicente Fox Lionel Jospin, César Gaviria y Ricardo Lagos.
El tema que presidió el Congreso fue el malestar global y los dilemas de cambio que plantea la globalización. Los dirigentes de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA, por su sigla en inglés) decidieron que esa sería la idea matriz hace cuatro años, recogiendo así el descontento creciente de los países subdesarrollados por los diversos problemas que planteaba la globalización.
Pero luego, al estructurarse los 500 paneles y 2 mil 400 ponencias del Congreso, la crisis económica mundial ya había planteado la discusión a escala mundial: ¿cuáles son las dimensiones políticas de esa crisis y qué debía hacerse para evitar que el desenfreno de los mercados tuviesen colapsadas a las sociedades?
La teoría democrática que manejan los politólogos fue concebida en plena vigencia del Estado Nación y hoy sus fronteras tienden a desdibujarse, incluso en términos de soberanía, ante el desencadenamiento de la fuerzas económicas trasnacionales. Las respuestas ya no pueden darlas por sí solos los estados individuales, sino que debe irse a una nueva gobernabilidad a ese nivel, pero también a uno regional y a una concertación de la comunidad internacional.
Ya existen, claro, un FMI y una Organización Mundial del Comercio y también la ONU y la OEA, pero las discusiones en el Congreso revelaron que deben repensarse aún nuevos organismos, con otros ámbitos de acción y nuevas formas de relacionamiento.
La cita de Santiago no terminó, obviamente, con conclusiones, pero sí se creó un clima de opinión que deberá ser recogido por la clase política, se si quieren resolver los dilemas por el creciente descontento global ante el mundo precario, contaminado y contradictorio que es el actual, en el que hay tomar en cuenta siempre dos factores: la inclusión sin precedentes de 600 millones de consumidores y la persistencia de un billón de la población del mundo bajo la línea de la pobreza.
De lo que se trata es replantear la democracia a nivel local, nacional, supranacional y mundial, paralelamente. Así hay que construir ahora la política, con la idea fuerza de que la democracia consiste en la capacidad de los pueblos de controlar la economía.
hugomery@terra.cl
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)
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22-07-2009
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